Cuando te acuerdes de mí y antes de
dejar esta paloma en libertad,
acuerdate de que una vez
compusimos sin frialdad
aquella noche de dulces anhelos
donde la madurez coincidía
con la añorada fantasía.
Ahora, todas esas memorias
de una niña vacía quedan
en el bául que alguna escoria
quisiera que accedan
los fantamas de la adolescencia perdida,
donde todo era imaginario
y que alguna vez logré soñar.
Pero no, ya la niña no puede volver a soñar.
Ya la paloma está en libertad, pero
jamás será libre,
seguirá en el cautiverio de la amargura,
con sus memorias de alma vacía.

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